*No palpo el respaldo de Morena

Sinaloa, Sin. 23 agosto 2026.- La crisis política en Sinaloa da un nuevo giro: el gobernador morenista Rubén Rocha Moya regresó al cargo y apenas 34 horas después volvió a solicitar licencia, luego de que Morena y el gobierno federal tomaron distancia de una decisión que exhibe, cuando menos, una preocupante falta de rumbo.
Rocha Moya volvió a colocar a Sinaloa en el centro de la controversia política. Apenas había transcurrido poco más de un día desde que retomó la gubernatura, luego de 112 días de licencia, cuando anunció nuevamente que dejaría temporalmente el cargo y solicitó al Congreso estatal una licencia “por tiempo indefinido”.
El gobernador morenista presentó su petición al Poder Legislativo argumentando que así lo consideraba pertinente y que la licencia sería por más de 30 días. La decisión ocurre después de una jornada en la que su regreso provocó cuestionamientos políticos, llamados a la prudencia y un evidente deslinde de la dirigencia de Morena y del propio gobierno federal.
El episodio deja una pregunta inevitable: ¿qué cambió en apenas 34 horas para que quien regresó asegurando tener “la frente limpia y en alto” decidiera volver a separarse del poder?
Un día antes, Rocha Moya había defendido públicamente su regreso y sostuvo que no existían elementos para acreditar su participación en algún delito. Su argumento se apoyó en declaraciones de la Fiscalía General de la República, mientras las acusaciones formuladas desde Estados Unidos por presuntos vínculos con una facción del cártel de Sinaloa continuaban formando parte del escenario político y judicial.
La Secretaría de Gobernación marcó distancia y calificó el retorno como una determinación de carácter personal, al tiempo que señaló que las investigaciones relacionadas con las acusaciones estadounidenses continúan. Morena también se deslindó: la dirigencia nacional y sus grupos parlamentarios aseguraron que el mandatario no consultó previamente su decisión.
La presión llegó incluso desde sus propios correligionarios. Los gobernadores de Morena llamaron a Rocha Moya a actuar con “madurez y responsabilidad” y advirtieron que las decisiones personales o de facción no deben colocarse por encima de los principios que el movimiento dice defender.

Y este sábado, la presidenta Claudia Sheinbaum endureció todavía más el mensaje, al advertir que ningún interés personal puede estar por encima del pueblo y de la Nación, y cuestionar que se pretenda anteponer la ambición de poder a los intereses de México.
En ese contexto, la nueva licencia de Rocha Moya no parece un simple trámite administrativo. Políticamente, representa un fuerte revés para un gobernador que intentó regresar al despacho gubernamental para demostrar fortaleza y terminó abandonándolo nuevamente poco más de un día después.
El episodio deja además una imagen incómoda para Sinaloa: un gobernador que vuelve, enfrenta cuestionamientos, recibe llamados públicos de su propio partido y del gobierno federal, y finalmente vuelve a pedir licencia.
Treinta y cuatro horas bastaron para convertir un supuesto regreso de autoridad en una nueva crisis política.
Ahora corresponderá al Congreso de Sinaloa procesar la solicitud y, mientras tanto, el estado queda nuevamente ante la incertidumbre sobre quién asumirá la conducción del Ejecutivo y por cuánto tiempo.
Más allá de las declaraciones y los deslindes, el verdadero costo de este vaivén político lo termina pagando la ciudadanía: Sinaloa necesita certeza, gobierno y estabilidad, no una gubernatura atrapada entre decisiones personales, acusaciones pendientes y disputas políticas.
